Verano.
Al amanecer
Ubicación
Zona de jardín elevado en frente de la balsa con la cascada.
Vegetación
Phillyrea latifolia, conocida como labiérnago de hoja ancha.
Hora y fecha de la captura
Imagen tomada el 14 de julio de 2026 a las 07:56, con los primeros rayos de sol.
Es imposible verla siempre igual.
Quien la observa en invierno descubre unos colores.
Quien vuelve a mirarla en primavera encuentra otros.
Y si regresa unos meses más tarde, probablemente vuelva a sorprenderse.
La Casa Verda cambia.
Lo hace despacio.
Casi sin que uno se dé cuenta.
Hay cambios que se perciben en apenas unos días.
Otros necesitan años.
Pero todos tienen algo en común.
Llegan en silencio.
Por supuesto, la responsable de todos esos cambios no es otra que…
La vegetación.
Rodearnos de vegetación fue una elección.
Uno puede construir una casa sin contar con ninguna planta. Puede incorporar algunas. O puede decidir llenar la casa de vegetación.
Este último fue nuestro caso.
Pero ¿por qué tantas?
Como ocurrió con las curvas, el deseo de integración tuvo mucho que ver.
La Casa Verda está rodeada de vegetación. Para que pareciera integrada en el paisaje, quizá hubiera bastado con pintarla de verde.
Pero buscábamos algo más que una apariencia.
¿Os imagináis un mundo sin plantas?
¿Bastaría con pintarlo todo de verde?
Nosotros preferimos contar con ellas.
Y, siempre que fuera posible, con plantas sencillas, de fácil mantenimiento y autóctonas.
Por integración, pero también por su facilidad para adaptarse al entorno.
Cuando plantamos las primeras especies, pensábamos que su principal misión sería ayudar a integrar la casa en el paisaje.
Con el paso de los años descubrimos que cada nueva planta traía consigo algo más que un poco de verde.
Algunas de esas aportaciones fueron evidentes desde el principio.
Otras tardamos años en descubrirlas.
Y muchas terminaron superando todo lo que habíamos imaginado.
Quizá eso sea parte de lo que nos ha enseñado La Casa Verda.
Las plantas rara vez se limitan a cumplir aquello que esperas de ellas.
Casi siempre acaban haciendo algo más.
Y cuanto más tiempo convivíamos con ellas…
…más difícil resultaba imaginar la casa sin su presencia.
Hasta que un día dejamos de verlas simplemente como plantas.
Empezamos a verlas como parte de la casa.
Como unos habitantes muy especiales.
No aparecen en las escrituras.
No pagan alquiler.
Y, sin embargo, están presentes cada día.
Cambiando el paisaje con cada estación.
Llenando algunos rincones de aromas.
Formando parte de una infusión.
Dando sabor a un plato.
Son, probablemente, los habitantes más silenciosos de La Casa Verda.
Y también algunos de los más importantes.
Con el tiempo llegaron a ocupar un lugar tan especial en nuestras vidas que a veces nos sorprendíamos haciéndonos una pregunta.
¿Y si, en el fondo, nunca hubiéramos construido La Casa Verda solo para nosotros?
¿Y si también la hubiéramos construido para ellas?
Pero la historia no termina ahí.
Porque, sin saberlo, prepararon la casa para la llegada de nuevos habitantes.
Próximo capítulo
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