Reproducción basada en un dibujo original de Jordi López Querol.
Las plantas habitan La Casa Verda. La llenan de vida y color. Pero para que eso ocurra no basta con plantarlas en cualquier sitio. Algunas necesitan mucha luz, otras más humedad. Algunas pueden vivir con muy poca tierra. Otras necesitan bastante más.
Con el tiempo nos dimos cuenta de que nos gustaba ver plantas por todo el exterior de La Casa Verda. Que al mirarla desde cualquier esquina las vieras. Que aparecieran por todos lados.
También descubrimos que había rincones donde conseguirlo no era tan fácil. Sobre todo en algunas paredes de piedra expuestas durante muchas horas al sol del verano.
Podíamos renunciar a tener plantas allí.
O podíamos intentar ponérselo un poco más fácil.
En este anexo mostramos tres pequeñas soluciones constructivas que surgieron de ese intento.
En esa zona, una pared separa una cara orientada al norte de otra orientada al sur. Mientras en la primera resultaba relativamente fácil mantener la vegetación, en la segunda el sol del verano complicaba bastante las cosas.
Una de las plantas tenía ramas lo suficientemente largas como para atravesar el muro. Y a Jordi se le ocurrió una solución curiosa: ¿Y si las raíces permanecían en la cara norte y la planta aparecía por la cara sur?
Se dejó una abertura en el muro para permitir que la planta lo atravesara.
De ese modo, las raíces quedaban protegidas en el lado más fresco mientras la parte visible de la planta aparecía al otro lado.
Funcionó.
La planta consiguió mantenerse verde incluso durante los episodios de calor más intenso del verano.
Queríamos tener plantas en la pared. Plantamos algunas. Muchas no sobrevivían. El mayor problema era una combinación de poca tierra y mucho sol directo. El sol calentaba las piedras y, con ellas, la poca tierra disponible. Por eso Jordi pensó en construir unas jardineras que permitieran albergar más tierra y protegerla mejor del sol.
Al verlas, uno podría pensar que esas jardineras se construyeron como un elemento decorativo.
Pero no fue así.
Su forma nació de una necesidad mucho más sencilla: dar a las plantas más tierra y mantenerla mejor protegida del sol.
En aquella pared pusimos algunas plantas que parecían capaces de vivir con poca tierra. En invierno y primavera lucían bastante bien, pero llegaba el caluroso verano y se secaban. Ya podías regarlas a diario.
Entonces a Jordi se le ocurrió una solución.
¿Y si les proporcionábamos sombra durante el verano sin impedir que recibieran el sol del invierno?
Construyó un pequeño voladizo con la misma piedra volcánica de la pared.
Aquella solución permitía hacer dos cosas.
Proporcionaba sombra a las plantas que vivían debajo y, encima, permitía colocar tierra para que otras pudieran crecer en aquella misma pared.
Hoy uno puede verlo y pensar que estuvo previsto desde el principio.
Pero no.
Apareció después, simplemente porque queríamos que allí también pudieran vivir algunas plantas.
Ninguna de estas soluciones era necesaria para construir la casa.
Podíamos haber prescindido de ellas. También de las plantas que intentábamos proteger.
Pero con el tiempo aprendimos algo bastante sencillo: cada planta necesitaba unas condiciones diferentes. Más tierra. Menos sol. Un lugar distinto para sus raíces.
Y cuando era posible, intentábamos dárselas.
Quizá porque, después de convivir tantos años con ellas, ocurrió algo curioso.
Estábamos a gusto viendo que ellas estaban a gusto.
Quizá esa fuera suficiente recompensa.
Llevamos años construyendo La Casa Verda.
Sin prisas.
Intentando cuidar cada pequeño detalle.
Ojalá quienes se acerquen a ella puedan sentir el cuidado con el que la hemos construido.
En La Casa Verda utilizamos algunas cookies para que la web funcione correctamente y, si nos das tu permiso, para comprender mejor cómo la utilizan nuestros visitantes y seguir mejorándola. Puedes aceptarlas todas, rechazarlas o decidir cuáles permitir.